Es la parte que más dudas genera y donde más se equivoca quien lo registra solo. La clave está en entender queno estás tomando un préstamo: estás vendiendo un activo, y eso cambia todo el asiento.
Cuando cedes la factura, la cuenta por cobrar sale de tu balance —ya no te deben a ti, le deben al factoring— y entra el dinero recibido. La diferencia entre el valor de la factura y lo que te depositaron no es una cuenta por cobrar pendiente: es un gasto financiero del período, y se reconoce como tal.
Ese es el error más común: dejar la diferencia como si el cliente aún debiera algo. Infla el activo, esconde el costo real del financiamiento y distorsiona el resultado del mes.
La excepción es el factoring con recurso. Como conservas la responsabilidad si tu cliente no paga, el riesgo no se transfirió del todo, y el tratamiento contable puede ser distinto: en varios casos se registra como un pasivo con garantía y no como una venta del activo. Antes de asumir uno u otro conviene revisar el contrato, no el nombre comercial del producto.